"El Señor Olmedo ha sabido llevar
hasta el sepulcro la noble misión de su vida pública, la misión noble de servir
a la Patria con provecho de ella y con lauro de su reputación.
los primeros días de su juventud fueron los primeros días de la historia de nuestra redención política... en la postrimera estación de su noble existencia, cuándo ya la mortífera enfermedad pronosticaba cercana muerte , le hemos visto abajarse del lecho del dolor, y reanimándose con la grandiosidad de la idea de rescatar su patria del poder de la tiranía, ponerse a la cabeza de los libres, asistir a los reales del pueblo, y animar con su ejemplo y con el mágico poder de su elocuencia a los que peleaban por rendir el ejército extranjero que invencible se creía; le hemos visto en el solio de la autoridad popular dirigiendo con serenidad y hasta con dulzura la nave del Estado sacudida por recias tempestades y en peligros de hundirse para siempre en el abismo de sangre; le hemos visto llevar personalmente el laurel del triunfo y la oliva de la paz entre la representación nacional, felicitarle por su inauguración política, y retirarse contento y feliz... al último descanso de la vida!
Ensalcemos su nombre y bendigamos
eternamente su memoria.
𝑫𝒊𝒂𝒓𝒊𝒐 𝑬𝒍 𝑵𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒂𝒍
2 𝒅𝒆 𝒎𝒂𝒓𝒛𝒐 𝒅𝒆
1847

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