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Visitando la Feria Internacional del Libro, la Unidad de Coordinación Histórica y Cultural de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil a cargo del historiador Arq. Melvin Hoyos Galarza, en su afán de promover la cultura a la lectura y la divulgación histórica, se encuentran obsequiando gratuitamente un ejemplar, el que usted desee, estas magníficas obras corresponden a una entrega única por el Bicentenario de la Independencia de Guayaquil.
Entre tantos libros me decidí por “Defensa de los Jesuitas” del Dr. Gabriel García Moreno, dos veces Presidente del Ecuador, Padre de la modernidad de nuestra República.
El libro fue escrito por García Moreno en Quito en diciembre de 1851, aunque la obra que poseo, pertenece a la segunda edición [reimpreso], data de 1884 por la Imprenta “La Nación”, de la Municipalidad. Un libro de 107 páginas, distribuidas en tres partes:
1. Del Instituto de los Jesuitas
2. De la doctrina de los jesuitas
3. De la vida de los Jesuitas.
Como antecedente recordemos que la expulsión de los jesuitas sucedió a inicios de abril de 1767 por orden del Rey Carlos III, producto de esto, la Orden de Loyola fue suprimida por el Papa Clemente XIX de la orden de los franciscanos, el 21 de julio de 1773. La orden fue expulsada de España y todos los territorios de ultramar.
Antes de este acontecimiento, los jesuitas fueron expulsados de Brasil en 1754, Portugal en 1759, Francia en 1764. Asimismo, fueron expulsados de Nápoles en 1767, Parma y Malta en 1768 etc. Por ejemplo, para el 25 de junio de 1767, salen de Nueva España [México] 678 jesuitas en un lapso de 2 años.
Una vez que salieron los jesuitas expulsados de los reinos americanos, estos fueron conducidos en primera instancia al Puerto de Santa María, ahí llegaron un total de 2, 358 jesuitas aproximadamente, distribuidos de la siguiente manera:
 Nueva España 678
 Perú 413
 Chile 313
 Paraguay 437
 Quito 219
 Santa Fe 201
 Filipinas 313.

Entiéndase por Quito, toda la Real Audiencia y no solo la ciudad. Los valores son aproximados, pues una vez expulsados fueron contabilizándolos, pero muchos de ellos, ya muy ancianos, morían durante el viaje. La historiadora Dra. Cristina Torales manifiesta que los Jesuitas siempre fueron tratados con respeto y aprecio. No los maltrataron. Se morían por enfermedades o las inclemencias del tiempo. Los jesuitas mismo, se mostraron colaboradores ante las autoridades españolas y nunca pusieron resistencia. Pues alegaban que toda orden emitida por el Rey, tenía providencia divina, aun cuando ésta orden, perjudique sus intereses y existencia.
Los enemigos de la iglesia, tanto la masonería como ordenes católicas cegadas por la envidia al ser ampliamente superados por ésta orden que, desde su fundación, no descansó en sembrar en las mentes de los hombres, la educación, la libertad y los derechos del individuo.
La ausencia de los jesuitas trajo consigo en retroceso en diversos ámbitos como la cultura, agricultura, el comercio etc. Es por eso que, para el 15 de mayo de 1815, Su Santidad Pío VII emitió la Bulla Solicitudo ómnium Ecclesiarum y con el permiso del Rey Fernando VII, la Orden de la Compañía de Jesús fue restituida.
Acá en nuestro territorio, la Orden sufrió como era de esperarse, varias expulsiones, la primera fue el 20 de agosto de 1767 ya mencionada, donde el Presidente de la Real Audiencia el Coronel Ángel Diguja y Quiñonez leyó la Pragmática Sanción en las puertas del Colegio San Luis. Posteriormente serán expulsados por José María Urbina en 1852 [imagen]. La Orden vendrá nuevamente al Ecuador gracias a García Moreno en 1860.
La obra de García Moreno empieza con una frase en latín pronunciada por Juan Calvino
“Jesuitae vere, qui se maxime nobis opponunt, aut necondi, aut si hoe fieri non potent, ejiciendi, aut certe mandaciis et calumniis opprimendi sunt”.
Lo que traducido diría:
“A los jesuitas, que son los que principalmente se nos oponen, es necesario matarlos, ó si esto no se puede, expelerlos; ó al menos oprimirlos á fuerza de mentiras y calumnias”.
García Moreno inicia haciendo referencia sobre el autor de un folleto dirigido a un tal Frias, el mismo que venía plagada de insultos, imposturas y calumnias contra los jesuitas expulsados de Nueva Granada.
García Moreno se declara católico y dice “No faltará que me llamen fanático o jesuita, porque en los momentos de que he podido disponer me he dedicado á escribir esta defensa: no importa. Soy católico y me glorío de serlo, si bien no puedo contarme en el número de los devotos; amo sinceramente a mi Patria y creo un deber el contribuir á su dicha: así, por mis ideas religiosas y por mis sentimientos de patriotismo, no me era dado guardar silencio en una cuestión en la que mi creencia y mi país se hallan interesados igualmente, éste por la imperiosa necesidad de civilización, y por aquella de la gloria y el honor de la iglesia. Fuera de esto, mi carácter naturalmente me impedía á abrazar la causa del débil e inocente, porque me indigna la opresión donde quiera que la miro, y detesto la dureza bárbara de los que se muestran indiferentes entre la víctima y el verdugo”.

García Moreno enfatiza que este joven niño, a quién llama socialista infantil, son graves los cargos que hace en contra de la Compañía de Jesús, catalogándola de tendencia política, critica además la forma de observar los votos religiosos, el secreto, la obediencia ciega, la delación mutua. García Moreno lo tilda de calumniador malintencionado.
Contrariamente, el Mártir de la fe católica, enfatiza que la orden es exclusivamente religiosa y no una institución política, que tiene por fin la mayor gloria de Dios, por medio de la propagación de la fe y la santificación de las almas y por instrumentos la predicación, la enseñanza y el buen ejemplo.
Tan lejos está del azaroso campo de la política, dice García Moreno, pues así lo disponen los diferentes Decretos de las congregaciones generales, las mismas que son ignoradas por el “pueril acusador”.
García Moreno con esa tenacidad que le caracterizaba, se expresa de forma muy dura sobre el papa Clemente XIV, de la siguiente manera:
“El Cardenal Ganganelli, en el Cónclave en que fue elevado a la Silla de San Pedro, se entendió con el Cardenal Solís, agente de Carlos III; y ciego de ambición por ceñir la triple corona hizo la culpable promesa de suprimir aquella órden cuando obtuviese el pontificado. Luego que por esta transición simoníaca llegó a ser Clemente XIV, luchó por mucho tiempo indeciso entre la voz de la conciencia y el cumplimento de la fatal palabra”.

Agrega, además, que el mencionado Clemente XIV escribió a Luis XV seis meses después de su exaltación diciendo: “por lo que toca a los jesuitas, no puedo vituperar ni destruir un instituto alabado por 19 de mis predecesores, y sobre todo confirmada por el Santo Concilio de Trento. Pero instado sin cesar, violentado por el gobierno de los Borbones amenazado públicamente en su capital misma, por el Conde de Florida-Blanca, Embajador de España, de que se presentara la prueba del secreto ignominioso. No pudo resistir por más tiempo; firmó desesperado el breve Dominus ac Redemptor, y con un acto de debilidad corroboró el funesto extravío de su ambición, condenándose a pasar el resto de sus días en la amargura de los remordimientos.
Por último, este libro en la pluma de García Moreno, detallará la Vida del Jesuita, hombres de celo por la justicia, santos de Dios e hijos sumisos de la Iglesia católica. En fin, dejó a ustedes amables lectores a que interesen en conseguir este maravilloso libro y puedan leerlo con el mismo agrado y satisfacción que sentí al poder contemplar en la pluma de García Moreno, un mensaje lleno de justicia hacia la Orden de los Jesuitas, justicia misma que ya es característico de García Moreno cuando reclamó la usurpación de los Estados Pontificios y la captura del Papa Pío IX. Esto le valió, y como no podía ser de otra manera, que el mismo Sumo Pontífice Pío Nono edificara un monumento en la memoria del presidente católico el 6 de agosto de 1876 [un año después de su muerte] en el Colegio Pío Americano de Roma.
¡𝘿𝙞𝙤𝙨 𝙣𝙤 𝙢𝙪𝙚𝙧𝙚!

Víctor Gamboa Delgado
o Club de Historia del Archivo Histórico del Guayas
o Centro Cultural Guayaquil. 



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