Desde los principios del descubrimiento [de América] se introdujo la costumbre de encomendar un cierto número de indios a los descubridores españoles, pacificadores y pobladores de América, con el pretexto de que los defiendan, protegierán, enseñasen y civilizasen; y también para que, exigiendoles tributos y aplicándolo a toda especie de trabajo, tuviesen los encomenderos en su encomienda el premio del valor y los servicios que hubiesen hecho en favor de la conquista.
De ésta costumbre nacieron MALES Y ABUSOS, tantos y tan graves, que no pueden referirse sin indignación y sin enternecimiento

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